Doscientas operaciones secretas. Una cúpula blindada donde enemigos mortales negocian cara a cara sin disparar una bala. Hasta que en el desierto de Riad aparece un emisario imposible de rastrear… y esta vez, el hombre citado a la mesa es el propio Rafael Santos.
El oficio nació en los años setenta en una capilla abandonada entre Nayarit y Sinaloa, cuando el abuelo don Rafael Santos descubrió que, en medio de una guerra, quien garantiza veinte minutos de tregua absoluta puede fijar su propio precio.
Medio siglo después, su nieto Rafael dirige El Propiciatorio a escala global asistido por la red cuántica SIGMA. Pero tras cerrar la Ventana 201 en Riad, alguien apaga sus sistemas en Nueva York sin dejar huella digital ni biométrica y le deja una citación que lo llevará a una isla fuera de los mapas.
«Riad no era una joya. Era una herida abierta bajo el sol.»
El calor caía a plomo sobre el concreto y la arena; el aire seco, cargado de polvo, se colaba por cada rendija. El desierto no perdonaba, y la ciudad, a pesar de sus torres de cristal, seguía siendo su esclava.
Entre el caos y la miseria ordenada, se alzaba el palacio Al-Fahd, encerrado tras muros bien custodiados como un secreto sucio. Afuera, la gente escupía el polvo; en los salones, todo olía a oud, a mármol importado y a miedo bien vestido...
Hombre de letras y de fe. En esta novela ambas vertientes se entrelazan para traer una historia que trasciende: publicada bajo el sello independiente La Legión Oculta, El Propiciatorio fusiona la tensión del thriller geopolítico con una mirada íntima sobre el linaje, la soberbia y la redención.
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